La llegada —o el retorno— de una ambulancia al Hospital Dr. José Pérez de Duvergé ha desatado un debate que trasciende la simple logística sanitaria. No se trata solo de quién “trajo” la ambulancia, sino de cómo la comunicación política puede desviar la atención del verdadero centro del problema: la vida de la gente y la continuidad del servicio de emergencias en la provincia Independencia.
El senador Dagoberto Rodríguez anunció en sus redes sociales la entrega de una ambulancia, destacando la presencia de la directora regional del DAEH y reafirmando su compromiso con una atención oportuna. Incluso mostró una imagen de su visita al despacho del Juan Manuel Méndez García, director de la Dirección de Servicios de Atención a Emergencias Extrahospitalarias (DAEH), como prueba de sus gestiones.
Por su parte, el viceministro Gaddis Corporán ofreció otra versión: la ambulancia —dijo— estaba en mantenimiento desde septiembre y, tras la indignación ciudadana provocada por la tardanza en el traslado del joven Richard Alexander Segura Bello (quien falleció tras un accidente), se realizaron las diligencias necesarias para acelerar su retorno a operaciones. Su mensaje fue claro: no se trataba de una “nueva” unidad, sino de poner a funcionar, cuanto antes, la que Duvergé ya necesitaba.
A la conversación se sumó la diputada Hermes José, quien agradeció públicamente a Méndez García por responder con rapidez a su solicitud, subrayando el compromiso institucional con salvar vidas y fortalecer la atención prehospitalaria. Un gesto que, lejos de aclarar, amplió la percepción de que varios actores reclamaban la autoría de la misma solución.
El resultado ha sido una confusión comprensible en Duvergé y en otros municipios de la Provincia Independencia: ¿quién trajo la ambulancia? ¿Fue una entrega nueva, una gestión política o la reactivación de un recurso existente?
La evidencia sugiere una respuesta menos polémica y más sensata: todos hicieron su parte. Hubo gestiones, llamadas, presiones públicas y una decisión institucional desde la DAEH que permitió dar respuesta. En ese sentido, la ambulancia no tiene un solo “dueño político”, sino una autoría colectiva con un eje claro en la institucionalidad que dirige Juan Manuel Méndez García.
Este episodio deja una lección necesaria. En materia de emergencias, el protagonismo importa menos que la continuidad del servicio; la foto pesa menos que el tiempo de respuesta. Cuando la discusión se centra en el mérito, se corre el riesgo de olvidar la urgencia que vive la población. Y Duvergé —como toda Independencia— no necesita relatos contrapuestos, sino ambulancias operativas, personal capacitado y comunicación transparente.
Al final, el verdadero logro no es quién se atribuye la gestión, sino que la ambulancia esté donde debe estar: salvando vidas. Esa debería ser la única victoria que valga la pena celebrar.

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