Por Héctor Plata
El Día de la Amistad no es solo una fecha en el calendario; es un recordatorio de que la vida se construye mejor cuando se comparte. Y hoy puedo decir, con gratitud y orgullo, que soy un hombre de muchos amigos.
Muchos vienen desde mi infancia, desde mi querido pueblo de Cristóbal, donde están sembradas mis raíces. Crecimos juntos, jugamos en las mismas calles, soñamos bajo el mismo cielo y enfrentamos las primeras pruebas de la vida hombro con hombro. Esas amistades marcaron cada etapa de mi existencia con una tinta imborrable, más duradera que cualquier tatuaje.
Otros amigos los encontré en la marcha, en el camino de la vida, en luchas, trabajos y proyectos compartidos. Y ha sido tal la cercanía que, aunque el tiempo sea corto, el vínculo parece de toda la vida. Porque cuando hay sinceridad, respeto y lealtad, los años pasan a un segundo plano.
Así soy cuando las circunstancias lo permiten: accesible, abierto, sincero y siempre dispuesto a cultivar amistades verdaderas. Creo firmemente que la amistad es una siembra constante, que requiere cuidado, presencia y honestidad.
Tengo amigos con quienes puedo conversar por horas, arreglando el mundo entre risas y reflexiones profundas. Otros son de pocas palabras, pero su silencio también comunica apoyo y firmeza. Algunos disfrutan hablar de política sin parar; otros prefieren sumergirse en los recuerdos de nuestros tiempos dorados, reviviendo anécdotas que nos devuelven la juventud por un instante.
También están aquellos que casi no tienen tiempo para hablar. Viven concentrados en sus proyectos personales, enfocados en alcanzar metas y asegurar su bienestar económico. Y eso está bien. Cada quien vive su proceso, y la amistad verdadera entiende los silencios, las ausencias temporales y las prioridades cambiantes.
Tengo amigos hombres y amigas mujeres, sin distinción, con el mismo aprecio y respeto. He compartido con todos de manera transparente, porque la amistad auténtica no tiene etiquetas ni límites cuando está basada en valores firmes.
A todos los quiero con su estilo peculiar, con sus virtudes y defectos, con sus luces y sombras. Porque mis amigos son para toda la vida.
Hoy, en el Día de la Amistad, celebro cada abrazo sincero, cada consejo oportuno, cada crítica constructiva y cada risa compartida. Celebro el privilegio de contar con personas que han decidido caminar a mi lado.
Porque al final, más allá de los logros y las metas, lo que realmente da sentido a la vida son los vínculos que construimos.
Feliz Día de la Amistad. Que nunca falte un amigo con quien compartir el camino.

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